Archive for 22 junio 2011

Adiós/Agur (11 de 1000)

junio 22, 2011

En la carretera que une Madrid y Donostia hay un secarral con dos viejas porterías. En su día estuvieron pintadas de blanco, ahora sólo quedan algunas costras que ayudan a imaginar su aspecto original, el resto no es más que metal oxidado, rojizo y anaranjado. Están a unos 20 metros una de la otra, frente a frente. No sabría decir a qué altura de la A-1 se encuentran. La cuestión es que, viajando en autobús, siempre, y digo siempre, giro la cabeza en el momento exacto para verlas durante un par de segundos.  Nunca hay nadie jugando, no hay ningún movimiento, ningún destello, ningún cambio reseñable de la orografía del lugar que llame la atención al cerebro adormilado, que haga parpadear, que sugiera algo tan importante como para girarse y mirarlo.

Y me quedo ensimismado, sin saber muy bien qué pensar, con la barbilla apoyada en una mano, mirando esas porterías. Es entonces cuando me doy cuenta de lo asquerosamente estúpido de la escena, digna de cualquier bodrio hollywoodiense, del peor de los pasajes del más abyecto libro de Lucía Etxebarria,  de la más vergonzosa imagen de perfil de facebook. Pero siempre vuelve a pasarme, en cada maldito viaje, que no son pocos señora, escapa a mi control. Dios, cómo me jode. En ese momento surge la otra idea que suele ser la heredera natural de las porterías, es decir, la sospecha de que me estoy volviendo loco. No loco de manicomio y camisa de fuerza, otro estilo loco. Como si se me reblandecieran los sesos. Cuando se te jode la cabeza ¿eres consciente de ello? Lo dudo, supongo que las pistas suelen venir en forma de momentos de claridad, como los que suelen tener los alcohólicos, pequeñas ventanas o qué sé yo. Y a eso le doy vueltas y así amenizó el viaje.

Podría parecer una asociación bastante gratuita de ideas la de la cursi postal de las porterías y el súbito despertar del miedo a estar como una puta cabra. Pero qué va. Quiero decir… a ver si me explico. Bastante difícil es ya de por si el tratar de describir como se hilvanan los pensamientos detrás de la frente de cada uno. Bueno, qué cojones, cómo si yo fuera a saber que la mecánica de mi sesera es extrapolable. Pues nada, que no vale.

Igual que la otra noche. Estaba yo en un concierto al aire libre y al cerrar los ojos, la luz moradazul de uno de los focos se quedaba grabada a fuego bajo mi pupila con cada parpadeo, y eso era todo lo que podía ver en la oscuridad. Lo jodido es que al volver a abrirlos, el punto de luz seguía la trayectoria de la pupila dejando una estela del mismo color, aunque algo más atenuado, allí por donde pasaba, y encima con retraso. Y así me pasé varios minutos con la dichosa lucecita, con la música en la caja torácica. Entonces paré un momento y me dije, joder, se te está yendo la cabeza. E inmediatamente me ponía a reflexionar sobre qué tipo de enajenación podría sufrir, o más bien, cuál de ellas me pegaba más. ¿Soy más de violar o de matar? Y le daba un buen meneo al katxi para que saliera a flote lo mejor, que suele quedarse en el fondo, y ale, p’adentro.

Cada vez que me siento en la acera me da la impresión, esta idea ya se ha vuelto algo recurrente, de que el tiempo éste que nos ha tocado vivir, es un tiempo que arranca de la gente ese deseo de conocer y entender el porqué de las cosas. Y así pasan luego las cosas que se ven en los telediarios, y se leen en los periódicos de tirada nacional, y se escucha a los tertulianos de los debates radiofónicos vespertinos. Total, que de tanto llevar el cántaro a la fuente, se rompe, y nos cansamos y nos aburrimos de todo lo que nos rodea. Y perdemos el interés en esa mujer, y en lugar de imaginarla desnuda nos imaginamos su autopsia*.  Y mientras me imagino cortando y sacando y pelando y rasgando y serrando, los transeúntes me empiezan a dar patadas y una señora se me acerca y me dice que la acera no es lugar para estar sentado y que obstaculizo el paso y yo le digo Váyase a la mierda puta vieja de los cojones y entonces. ENTONCES. Me doy cuenta de que estoy para que me encierren.

En fin, que a ver si alguien puede indicarme en un googlemaps a qué altura de la carretera quedan estas dos porterías. Ya sabré yo qué hacer con la información.

Adiós/Agur (10 de 1000)

junio 21, 2011

Hace demasiado calor para escribir.

Adiós/Agur (9 de 1000)

junio 8, 2011

Hay un rostro desdibujado detrás del cristal.

Es el vapor de agua condensado en su superficie lo que le da ese aspecto monstruoso.

Hay una cara monstruosa tras cada cristal.

Me habría gustado verte más a menudo.                                                                                                                        Dejadme salir de aquí.

Hay un cristal para cada monstruo.

Una ventana para cada cristal.

Los días fríos traen los monstruos detrás de cada ventana,

de cada puto cristal.