Archive for 6 octubre 2009

Los Salvajes (VII)

octubre 6, 2009

Kepa Zaguán, cafetería de la Victoria Station, Londres (2007)

Yo… creo que llegué a entenderlo ¿sabes? Sí, estoy bastante seguro de que él mismo buscaba esas situaciones, las buscaba por encima de todo, no sé si de una forma consciente o, simplemente, movido por algo en su interior. Pero, definitivamente, las buscaba, no cabe duda alguna. Es la inercia, o algo parecido. Exactamente igual que las fichas de dominó, con tirar la primera todas, las demás seguirán el mismo camino, hasta que ya no queden más fichas. Hasta que ya no quede ni blanco ni negro ni nada. Cuál fue la primera ficha, no sabría decírtelo, es muy posible que incluso él mismo la haya olvidado, tal vez, no sería tan extraño créeme, nunca llegó a haber una primera ficha, tan sólo el recuerdo de una, que nunca existió. Necesitaba tapar todo lo anterior, sepultarlo. ¿Perdona? No, no, para nada, sólo pasamos unas cuantas noches juntos en algún bar, pero me cayó bien desde el principio. Puede que reconociese en sus ojos a alguien parecido a mí mismo. Piénsalo, tal vez te haya pasado a ti también. No me refiero al hecho de sentir simpatía hacia alguien, hablo de su actitud. Necesitaba superar sus errores, con errores aún mayores. La bola de nieve acabó convirtiéndose en algo demasiado monstruoso, de unas dimensiones tan desproporcionadas, que escapó a su control. Pero lo necesitaba, como también lo necesitamos muchos otros. Cuando la vergüenza, el temor o el odio te embargan por algo que se ha hecho o dicho la noche anterior, buscas hundirlo y aplastarlo bajo la tierra de alguna manera. La más efectiva es, como ya he dicho, superarlo con algo aún mayor. Sabes que de esa forma dejarás de atormentarte por la anterior metedura de pata, y esa idea te ofusca hasta el punto de ser incapaz de ver los problemas que acarreará la nueva mierda, que ya está empaquetada y lista para servirse. Y ya sólo buscas la negación y el olvido, y acabas viviendo en el presente, sin que exista un futuro ni un pasado. La pescadilla que se muerde la cola y todo eso, ya sabes. Ocurre más a menudo de lo que piensas, sólo hay que fijarse, en el día a día, en la calle, en los periódicos, en la tele. Su problema fue llevarlo demasiado lejos, aunque es comprensible, con el tiempo suficiente el resultado tiende hacia el horror más abyecto. ¿Muerto dices? Sí, supongo que será cierto, no me extraña, aunque nunca hay que fiarse de esa clase de rumores pero, claro, en estos casos, sólo nos quedan las habladurías.