Archive for 24 septiembre 2009

Cupressus Funebris Saturnalius

septiembre 24, 2009

Es un árbol de crecimiento lento, que puede alcanzar los 15 metros de altura con un diámetro aproximado de 2 metros y que crece en zonas que hayan sido expuestas a algún tipo de catástrofe nuclear. Predomina sobretodo en aquellas áreas en las que la civilización haya sido reducida a un estado primitivo y que disponga de algún tipo de carencia concreta. De forma conoidal, su crecimiento es exasperantemente lento, pudiendo alcanzar los miles de años de vida en teoría, aunque en la práctica siempre ha sido mucho menor, debido a las connotaciones morales y religiosas que suele suscitar entre las poblaciones cercanas. Posee un tronco curvado y de corteza extremadamente gruesa en la que se forman orificios alargados y hondos, con el aspecto de bocas aullantes. Posee, así mismo, un reducido número de hojas de un color grisáceo y pálido. Su madera es de color negro y es tan dura que no se le ha encontrado aún ningún tipo de utilidad en el ámbito de la construcción o la carpintería general, tampoco es posible usarla como combustible por su extrema humedad.

Florece durante todas las épocas del año, de forma ininterrumpida. De sus tallos brotan diversos objetos, dependiendo de la zona y el ambiente en el que se encuentre, ya que su adaptación al medio es increíblemente eficaz.  Si los habitantes de los alrededores sufren de una alarmante falta de alimentos, el árbol dará frutos con forma de suculentos y nutritivos manjares, como chuletas de cordero, ristras de salchichas de cerdo o coloridas macedonias. Si los asentamientos humanos cercanos son predominantemente masculinos, de sus tallos surgirán bellas y atractivas mujeres, de rasgos marcadamente femeninos y explosivas curvas. Estas mujeres tendrás anchas caderas, largas cabelleras y abultados senos. Si, por el contrario, el área en el que crece el árbol, es una zona marcadamente mercantil, el árbol dará grandes cantidades de la moneda de cambio en curso, bien sea dinero, en forma de papel moneda o derivados, metales preciosos u otros.

El árbol toma sus nutrientes de los cuerpos humanos que se amontonan a su alrededor. El proceso de descomposición hace que la materia orgánica de los cadáveres fertilice la tierra circundante, aportando todos los compuestos necesarios para la supervivencia y crecimiento del árbol, que serán absorbidos por las raíces del mismo.  Y es que la táctica de la especie que tratamos ha demostrado ser de lo más eficaz. Los seres humanos que habitan sus cercanías lucharan por la posesión de los frutos del árbol, sean cuales fueren, matando a sus semejantes, siempre en las cercanías del ciprés. Esta sociedad o relación resulta, además, provechosa para ambas especies, ya que el ser humano victorioso disfrutará de los regalos naturales que ofrece el árbol como cebo. Aunque con el tiempo, los hombres han aprendido a sacar el mayor provecho a esta especie vegetal. El tiempo y la experiencia empírica han demostrado que todo fruto dado por el árbol es extremadamente efímero, y se marchita en pocos días, incluso horas. Es por ello que todo objeto debe ser consumido en la mayor brevedad posible, lo cual, también, redunda en el beneficio de la conífera, obligando a los humanos a volver a él en un breve período de tiempo.

Muchas primitivas sociedades han tratado de domesticar el Saturnalius, aunque todos estos intentos han acabado de forma desastrosa. La fertilización y reproducción de la especie es aún un misterio, y no parece que vaya a desvelarse en un futuro próximo. Su reducido número siempre ha dificultado cualquier estudio sistemático. Se ha especulado mucho en este campo, habiendo teorías para todos los gustos. Las más creíbles entre ellas tienen un marcado denominador común. Se habla de una mujer-fruto que en lugar de ser simplemente usada como objeto sexual, ha sido obligada a casarse con su propietario, resultando la unión en una rápida conversión de la fémina en semilla, después de un vertiginoso marchitar de sus tejidos vivos. También es común la leyenda del individuo que, en lugar de consumir o gastar con prontitud los frutos del árbol, decide ocultarlos y atesorarlos. En este último caso, esas preciadas posesiones también han acabado convirtiéndose en semillas para un futuro árbol. En todos los casos, las habladurías señalan una prematura muerte del individuo en cuestión. Todos los ejemplos arraigados en la cultura popular hablan de la avaricia como motor o vehículo de la reproducción de la especie. Es importante señalar que ninguna de ellas soporta el más ligero análisis científico y, por lo tanto, no pueden ser tomados más que por una extendida superstición.

BSO Segundo Cajón – vol 1. Rumbo a Texas

septiembre 24, 2009

Rumbo a Texas

Mientras escribo estas gilipolleces que soléis leer suelo tener algún tipo de música de fondo. Con el tiempo me he dado cuenta de que hay canciones que, simplemente, no son adecuadas para tal ejercicio y, simplemente, suelo pasarlas. En cambio, otros temas, vienen como anillo al dedo y las dejo sonar. Así que he pensado que podría recolectar esas canciones a medida que van sonando. Este disco es el primero de esos recopilatorios, para quien quiera leer estos panfletos lavacerebros con una bana sonora de fondo.

BSO Segundo Cajón – vol 1. Rumbo a Texas

http://www.megaupload.com/?d=JK7Q8U1U

Lección de historia (I)

septiembre 22, 2009

Buenos días clase. Sentaos y abrid el libro por la página 67. Hoy hablaremos de uno de los episodios más negros en la historia reciente de nuestra hermosa ciudad. Ocurrió en Bilbao, en aquel horrible verano de 2009. Fue aquella una época convulsa y llena de incertidumbre. No os asustéis niños, todo esto ya pasó. Ya sé que es desagradable, pero es importante mantener viva la historia y así evitar caer en los mismos errores. Prestad atención. Existía, por aquel entonces, una casta o clase social que, afortunadamente, desapareció y nos es desconocida en nuestra vida presente. Se conocía entonces por el nombre de jubilados, los infames jubilados. En el libro podéis ver una representación gráfica que ilustra perfectamente a esas “personas”. Lo que llevan en su mano izquierda se denomina bastón, una de sus omnipresentes herramientas y cuya utilidad se ha perdido para siempre en los anales de la historia. Lo que agarran con su mano derecha, y elevan hacia el cielo con evidente hostilidad, es una AK47, su arma preferida y que tantas vidas segó en nombre de ideas aberrantes.

Para comprender la proliferación y posterior sublevación de los jubilados es necesario situarlos en su contexto. Más de 30 años de democracia habían creado serios cambios en la sociedad bilbaína, cambios que aquella clase social fue incapaz de comprender y asimilar. Y así, anquilosados en su pasado, los jubilados tuvieron que ver como sus hijos y nietos  se convertían en publicistas, jueces, funcionarios, ingenieros y economistas. Ante aquella situación los jubilados no vieron otra salida que levantarse en armas. La primera semana de agosto lanzaron una fuerte ofensiva contra los edificios más emblemáticos de la ciudad. Las fuerzas de seguridad no supieron reaccionar ante un problema para el que nunca fueron entrenados. En poco tiempo el movimiento insurgente se hizo con el edificio del BBVA y la majestuosa torre de Iberdrola, donde situaron su cuartel general, y desde la cual hicieron públicas sus exigencias, a saber: La demolición de todas y cada una de las universidades de la ciudad, así como la vuelta a profesiones más honradas y clásicas, como la del sereno, el albañil o el taxista.

Entre todo aquel caos surgió la figura de Lord Ramón de Azkarate y Benavente, famoso filántropo y descendiente tangencial de Diego López de Haro. Con su temple, serenidad y aguda inteligencia propuso una serie de medidas, ante el consejo municipal o alcaldía, para solucionar el problema. La más importante de ellas, aunque pudiera sonar impopular en aquella mojigata época, establecía la obligación de fusilar, sin previo juicio, a toda aquella persona mayor de 60 años que necesitase una asignación pública para su manutención. ¡Qué valentía y aplomo la de aquel hombre! El edicto, por supuesto, acabó con el reinado de terror que los jubilados ejercían sobre la indefensa población.

Pero la genialidad de nuestros amados dirigentes no acabó ahí, no. El alcalde y sus consejeros, en un momento de divina inspiración, añadieron una pequeña enmienda a la ley antes de que esta fuera votada. Ese breve anexo suponía, en resumidas cuentas, el bombardeo táctico de todos los hogares de la margen izquierda, así como la instalación de nidos de ametralladoras en puntos clave para rematar a los supervivientes. Las cenizas de los cadáveres fueron mezcladas con cal y agua para ser usadas como argamasa en la ampliación del edificio del Euskalduna.

Y así es, niños, como fue salvada, de nuevo, nuestra maravillosa ciudad. Ya sé que ha sonado la campana, pero seguid sentados unos segundos. Sólo quiero recordaros que mañana espero vuestras redacciones sobre la importancia de escribir redacciones.