Archive for 30 julio 2009

Los Salvajes (III)

julio 30, 2009

Sargento Gogeaskoa, El Boulevard, Donostia (2005)

No pararon en ninguno de los semáforos anteriores. No sabría decirle con exactitud pero, tal vez, a unos 100 o 120 km/h. Como locos, como perros rabiosos. Pasaron rozando unos cuantos coches, destrozándoles los retrovisores laterales y arañándoles parte de la pintura. Tenía que haber estado allí para poder ver el enfado de los propietarios de los susodichos vehículos. En fin, al menos no hubo que lamentar ninguna pérdida personal. Y créame, tuvo que existir algún tipo de intervención divina, sino, no me lo explico. A medio camino el copiloto bajo su ventanilla, saco el brazo y comenzó a disparar al presunto vehículo perseguidor. Aquel individuo realizó hasta nueve disparos, según los testigos, en menos de diez segundos. La policía científica sólo pudo encontrar seis casquillos de una 9 mm. Suponemos que el resto cayeron dentro del vehículo del propio tirador. Lo más curioso, y esto que le voy a contar es lo que va a hacer que merezca la pena su pequeña propina, es que cada casquillo llevaba inscrita una palabra. ¿Cuáles? Margarita, Mephistopheles, Marthe, Heinrich, Valentín y Wagner. Vaya usted a saber por qué. Si mira usted más adelante, podrá ver la marca que dejaron los neumáticos al frenar y dar la curva. Sí, sí, allí. Justo antes del edificio del ayuntamiento. Mmm. No, no. Nunca se pudo identificar a los perseguidores. En ese mismo punto que acabo de mostrarle su vehículo perdió el control y salió de la carretera, atravesó esos jardines y chocó contra el tiovivo. Debían de portar algún tipo de explosivo ya que, al chocar, el vehículo estalló y salió volando por los aires para aterrizar justo en la arena de la playa. Los cuerpos quedaron totalmente irreconocibles y el vehículo era robado. Ya ve usted, un callejón sin salida.

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La Cafetería (Estudio preliminar)

julio 23, 2009

Esto es una cafetería. Esto es una cafetería y son las siete y media (7:30) de la mañana. Esto es una cafetería y ese hombre mira el vaso que tiene delante de él. Antes de salir a trabajar ha discutido con su mujer. Ya no es capaz de recordar el motivo de la pelea. Hace tiempo tuvo un grave problema con el alcohol. Lleva 5 años sin beber. Se ha pedido un whisky doble. Esto es una cafetería y ese hombre mira fijamente su vaso de whisky doble.

En esta cafetería (cafete-ría) ese otro hombre lee el periódico. Lee una noticia sobre un accidente de tráfico (múltiple). Intenta imaginarse conduciendo su coche y sufriendo un accidente. Se imagina lo que debe sentirse cuando un trozo de metal te atraviesa algún órgano vital. Después se mira la barriga. Ve que está gordo. Cada año está más gordo. Cada año está más calvo. Piensa en hacer ejercicio. Piensa en chicas bonitas. Este otro hombre sonríe en la cafetería, cierra el periódico y apura un último sorbo de su café.

En una de las mesas de nuestra cafetería aquel hombre se frota las manos, nervioso. Al salir de casa ha atropellado a un perro. Ha salido del coche y ha visto que no tenía ningún collar. El perro aún gemía cuando lo ha acariciado. Aquel hombre de la cafetería ha mascullado “Toby” al ver la gravedad de la herida. Después ha sopesado las implicaciones que acarrearía el llevarlo a u  veterinario. Mirando su reloj de pulsera ha calculado que no podría tomarse su café de antes de entrar a trabajar. Aquel hombre que se frota las manos ha tomado una decisión.

En el baño de la cafetería una mujer mira su reflejo en un espejo. Se alisa su camisa, se peina  pelo. Es su primer día en un nuevo trabajo, no puede permitirse perder este también. Quiere causar una buena impresión, quiere demostrar su valía, quiere dejar claro que tiene mucho que aportar, que puede con todo. Quiere dejarlos a todos con la boca abierta. Tiene un título universitario. Tiene un máster. Necesita este trabajo. Se desabrocha 2 botones más de la camisa.

Esto es una cafetería y son las siete y media (7.5). Fuera de ella no ocurre nada, el tiempo se ha detenido. Fuera todo está sumergido bajo el agua. Fuera estalla una guerra nuclear. Dentro de la cafetería no ocurre nada. Todos los clientes están sumergidos bajo el agua. Las bombas termonucleares explotan dentro de sus cavidades torácicas.

Los Salvajes (II)

julio 22, 2009

Roberto Bolaño, Hospital Valle de Hebrón, Barcelona (2003)

Hay literatura para cada momento. Mejor dicho, existen ciertas literaturas para ciertos momentos. Eso les dije a estos chicos cuando vinieron a visitarme al hospital. No me avisaron de su llegada, simplemente se presentaron en mi habitación y me dijeron sus nombres, uno por uno. Después se sentaron, bueno, se sentaron dos de ellos, ya que no había más sillas, y los demás se apoyaron en la pared o se dejaron caer en el suelo. Hubo un silencio incomodo que rompió uno de ellos con un escueto “escribimos”. Me sorprendió, para qué voy a mentiros, no había recibido ni una sola visita desde que estaba allí. Otro de ellos sacó una botella de tequila y la puso sobre la bandeja blanca que usaban las enfermeras para traerme la comida. “Bebamos”. Hay una literatura para cuando se está cansado. También hay una literatura para cuando no se tiene ganas de leer (de esta abunda). Incluso hay una literatura para cuando no se quiere escribir. Todas las literaturas tienen un público, aunque el número  de lectores varía ostensiblemente de una a otra. Hay una literatura para los que aborrecen el mar. Hay una literatura para los muertos. Creo que también la hay para los vivos. Podemos encontrar literatura para gordos y para proxenetas. Hay una literatura para los que brindan. Hay una literatura para los que matan y para los que se dejan matar. Y con aquellos hombres observándome mientras hablaba, supe que también había una literatura para los desesperados, y así se lo hice saber. El problema de la literatura para desesperados es que su público es siempre muy reducido, a pesar de la cantidad de desesperación que campa a sus anchas por este mundo en el que nos ha tocado vivir. Hay una literatura para desesperados. Pero los desesperados no suelen leer, están demasiado desesperados. Los pocos desesperados que leen no suelen hacerlo por mucho tiempo. Algunos superan su desesperación y se convierten en consumidores de otra de las literaturas antes mencionadas. Otros, en cambio, no consiguen superarla y acaban desquiciados o muertos. Ni los locos ni los muertos leen literatura para desesperados, ya tienen su propia literatura. “Chicos”, les dije, “la literatura para desesperados no os dará de comer”. Al terminar aquella frase esperé una ovación, un gesto de desaprobación o algún comentario más o menos solemne. En su lugar, el hombre sentado en el centro sacó una pistola de su chaqueta y me pegó un tiro en el estómago. Es curioso, no puedo recordar el color ni la forma concreta del arma. En cualquier lugar, con el olor de la pólvora aún bien presente en el ambiente, todos se levantaron y salieron por la puerta de mi habitación de hospital sin regalarme una miserable palabra de despedida.

Los Salvajes (I)

julio 21, 2009

Amaia Arantzabesaletxe, mostrador del segundo piso, Fnac, Bilbao D.F. (2004)

Sí, sí que lo conozco. Suele venir por aquí entre semana y algún que otro sábado. ¿Qué? No, no de forma íntima, pero con el tiempo se te van quedando grabados en la memoria las caras y los gestos de esas personas que se salen del patrón común. Bueno, no sabría explicártelo ¿sabes? Siempre realiza el mismo recorrido, de izquierda a derecha, pero eso no es lo más curioso. Cada medio metro se inclina y deja la mirada fija en un punto, quiero decir que no se mueve, apenas pestañea. Todavía no sé qué es lo que se queda mirando. ¿El nombre de un libro? No sé, no tiene demasiado sentido. Además, siempre va vestido con la misma ropa harapienta, como un vagabundo, aunque no huele mal. Que cómo lo sé. Joder, no me he puesto a olisquearlo, pero quieras o no acabas teniendo algún tipo de roce, digo roce por no decir otra cosa, que tampoco es que quiera decir que fuese algo más, o que lo haya sido o que vaya a serlo, vamos, digo. Como aquella tarde en la que me viene el tipo éste y me pregunta si tenemos algún libro de Borges, pero de antes de que se hiciera maricón, o alguno de Cortázar, pero de antes de volverse tan feo el desgraciado de él. Tiene su encanto, eso no puedo negarlo. Siempre compra los libros en su versión de bolsillo, siempre tapas blandas, una que se fija en los detalles oye, para doblarlos o qué sé yo para qué o por qué se decanta uno por las tapas blandas si no es por lo barato del asunto, vamos, digo, qué digo, opino. Pero una cosa te voy a decir, se nota que le gusto o que le atraigo de alguna manera. Que sí, joder. Siempre viene a pagar a mi mostrador aún sabiendo que para poder hacerlo tiene que ir al piso de abajo. No me dirás que eso no es un signo evidente de algún tipo de interés más o menos sexual, vamos, no me jodas. Algún día se lo preguntaré a la cara, eso y si el hecho de que siempre robe un libro en mi turno se debe a sus problemas económicos o algún tipo de altivez del que reniega de la gente que escribe.

Allah-u-Akbar

julio 21, 2009

Desde mi púlpito dorado, mientras escucho el Overkil de los Mötorhead, alzo mi rostro para volver a fijar mi atención y mirar con desdén al lumpenproletariat, al vulgo, al populacho. Vuelvo a vosotros, que estáis perdidos, para guiaros de nuevo y salvaros de vosotros mismos con la ayuda de mis escritos que son como el maná para el pueblo de Dios, la panacea en forma de supositorios… vamos, la polla. Y ¿por qué? Como bien sabéis mis opiniones no necesitan de fundamento alguno ya que se sostienen gracias a mi propia fuerza de voluntad y mi miembro viril, que es una columna de Trajano.

Por ahora el proyecto (jajejo) de los foto-relatos queda parado de forma indefinida, aunque probablemente escupa alguno que otro con las fotos que aún me quedan sin publicar. No me queda más que pedir perdón a todos aquellos que me mandaron alguna imagen y que cada noche volvían al blog, con una mano en su órgano sexual y la otra en el ratón, esperando encontrar algo escrito sobre ella. De todas formas, si sois de esa clase de gentuza que posee algún tipo de fe, podéis mandarme alguna más, que si me inspiro y no echan nada bueno en la tele puede que me digne a hacer algún apaño.

Pero, pero… ¡maestro! ¿Qué podemos esperar ahora de este blog? Bueno, chavales, en un principió pensé en dar a conocer mis teorías cripto-marxistas  y filo-fascistas en forma de tiras cómicas. Rápidamente deseché tal idea, consciente como soy de que mi público sólo quiere leer cosas sobre alcohol y tetas. Con esa idea en mente traigo un par de proyectos, amorfos, que se irán concretando con el tiempo y la ayuda de Dios.