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Ciudadano

septiembre 16, 2008

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La noche comenzó bien. El Kremlin estaba bastante vacío y pudimos ponernos cómodos en los sofás. Pedimos un par de Jack Daniels con cola, lo suficientes para conseguir que las lenguas se soltasen. Hablamos de banalidades, rodeos que no llevan nunca a ninguna parte, pero no por ello innecesarios. No. Palabras que no son más que el lastre que gira atado sobre un eje que taladra la necesidad de edulcorar agrias obviedades. Uf.

-… y le dije que cerrará la puta boca.

-Jajaja.

Nadie tiene demasiadas historias interesantes para contar. En mi caso, intento distribuir mis 5 o 6 de forma que no las escuche dos veces la misma persona. Aunque parezca sencillo, esta metodología requiere una gran memoria y capacidad organizadora. Nos acabamos las copas.

-¿Quieres otra?

Ella pasó su dedo índice por el borde del vaso mientras sonreía.

-Claro, la noche acaba de empezar.

Pan comido. Mientras me acercaba a la barra intenté recordar el estado de mi casa. ¿Había recogido los restos de la cena de ayer? La primera impresión es importante. ¿Tenía condones en casa? ¿Estaría limpio el baño? Mierda, debería haberlo pensado antes de salir, pero quién iba a pensar que pudiese ocurrir algo así un maldito martes por la noche.

-2 cubatas de Jack Daniels.

-Menuda pieza te has traído amigo.

Al Ratta le gustaba hablarte como si de verdad te conociera. Pero en realidad ni siquiera te mira a la cara mientras te suelta su mierda. El Dalái Lama podría entrar en el bar, pedir una coctelera de estiércol con absenta y el jodido camarero simplemente le soltaría un “¿cuántos vasos vas a querer amigo?”.

Volví al sofá y le tendí la copa. Miré sus piernas con disimulo. Llevaba un vestido negro, corto. Sin medias. Eran largas, pero algo gruesas. Mientras levantaba la vista para fijarla en su escote pude ver la figura de una persona que se me hacía familiar entrando por la puerta.

-¿Cómo te va colega?

-Bueno…

-Veo que estás bien acompañado.

Isas era un compañero de juerga. No éramos amigos, ni mucho menos, pero habíamos compartido varias noches de excesos. No venía solo. Había un tío grande con él, se balanceaba a los lados al moverse. Los dos lo hacían, parecían borrachos. Isas me señaló con el dedo, torpemente.

-¡Ese! ¡Ese! Es un tío grande. ¡Grande!

Se sentaron en nuestro sofá, Isas a mi lado y el otro tío grande al lado de ella. Estábamos atrapados. Mi posible ligue los miraba con mucho recelo. Pensé en darles algo de palique, acabarnos los tragos y poner alguna excusa para salir de allí. No se me ocurrió nada mejor.

-Bueno Isas, ¿Cómo te trata la vida?

-Joder, no te lo vas a creer colega, ¿ves a ese grandullón de allí?

La mole de carne que tenía por amigo sonrió con la mirada perdida, sus ojos inyectados en sangre eran como un maldito recibo de compra de una licorería.

1 botella de bourbon 15.75€

18 cervezas 9.09€

1 botella de tequila 9.45€

TOTAL 1 mierda de cojones

-Pues como te decía, mi colega acaba de salir de la cárcel. 18 meses por robar una mierda de tienda en la Gran Vía. Ya ves. La justicia está ciega.

No tan ciega como vosotros dos cabrones. El tiarrón no dice nada. Sólo sonríe. Le sonríe a ella.

-Vaya, 18 meses, tiene que haber sido duro eh.

-Ya lo creo, lleva sin meterla todo ese tiempo. En cuanto a mujeres se refiere, claro. No te enfades Carlitos, sólo era una broma. Estábamos pensando en irnos de putas. Ya sabes, aquí al lado. Una alegría para el pajarito que acaba de recobrar sus alas. Para que no se meta en problemas una temporadita. No hay que tentar a la suerte. ¿Verdad Carlitos?

El jodido Carlitos es la personificación de todas las putas bombas de relojería de este planeta, a punto de estallar.

-100 euros.

Carlitos lo dice mirando el cuello de ella.

-Perdona ¿qué has dicho?

-100 euros por un momento. En el baño. Dile a tu amigo que se de una vuelta y vuelva en 15 minutos.

Todos callamos y la música se hace más audible que nunca. Isas intenta enfriar la situación.

-Venga Carlitos, vamos a la barra a meternos unos lingotazos.

-Cállate. 100 euros muñeca. Y a tu amigo le daré otros 50 por las molestias, no queremos que se vaya con las manos vacías a casa. Mi cartera está que arde y tengo ganas de pasármelo bien.

Sopeso en pocas décimas de segundo a mi adversario. Al menos debe pesar 100 kilos. Y ha estado en la cárcel. Joder, podría mascarme, tragarme y cagarme mientras se bebe una copa. Pero uno tiene que hacer lo que tiene que hacer.

-Mira tío, será mejor que te vayas a buscar la fiesta a otra parte.

Parece que ella es tan consciente como yo de mi inevitable derrota. No ve ningún caballero de armadura brillante. Sólo queda óxido. Carlitos se levanta y me encara. Estoy acojonado. Isas se interpone entre ambos y empieza a agitar las manos. El segurata de la puerta se percata de la situación y se acerca a nosotros.

-¿Todo va bien?

-Sí tío, mi colega y yo ya nos íbamos. ¿Verdad Carlitos? Todo va bien, todo va muy bien. Me mola el garito, ya nos pasaremos otro día. Pasadlo bien.

Isas coge del brazo a Carlitos y ambos se alejan mientras este último me lanza una mirada que casi hace que tiña mis vaqueros. Esperamos sin decir nada. Esperamos a terminarnos las copas y a que se nos pase el susto. Algo me dice que la mujer que está a mi izquierda no terminará durmiendo en mi casa. Llamadlo intuición. Llamadlo puto sentido común.

-¿Nos vamos?

-Sí por favor, antes de que vuelvan tus amigos.

Ese último “amigos” lo dice como si la palabra le supiera mal, con asco. Amigos. Entrecerrando los ojos.

Salimos a la calle sin cogernos de la mano, sin miradas de complicidad, Salimos con prisa.

-Oye, siento toda esta mierda, no podía imaginar algo como…

-Tranquilo, no pasa nada.

-No, pero…

-No pasa nada.

Sonríe. Ja. Aún hay esperanza, aún. La calle ya no es tan oscura. Se enciende un cigarro. No hay coches. Decidimos ir en taxi, así que nos dirigimos hacia la plaza circular de Abando para luchar por alguno de ellos. No hay prisa. Le digo que desde mi casa se puede ver el Guggenheim. Es mentira, evidentemente. Pero en mis planes no entra el dejarle tiempo para poder mirar por la ventana. Vuelvo a pensar en los condones y en los platos sucios. Pero comparándolo con la situación de la que acabamos de escapar me parecen asuntos de poca importancia. Irrelevantes. Despreciables.

Es en ese momento, exactamente a medio camino por la calle Bailén, cuando la mierda ocurre. Isas, con un ojo morado y Carlitos a su lado. Ha sido demasiado rápido como para reaccionar, los tengo a medio metro. Más borrachos, más drogados o más jodidos que antes. Con un navaja en la mano. Con esa maldita sonrisa en la cara. Con esa mueca que parece querer decir que lo jodieron demasiado de niño, y que ahora, ni el propio diablo se atrevería a echarle un pulso.

-La oferta ha cambiado. Ahora será gratis y tú te irás a tu casa a hacerte una paja. Ya sabes como funciona esto.

Ella está asustada y esto ya no se trata de follar o no. No, no. A veces no importa el ganar o el perder. A veces, simplemente, es necesario echarle un par de cojones y sacar el orgullo de barrio. Reunir ese odio que nos sobra y proyectarlo. He leído demasiados relatos de amor desinteresado y auto sacrificio como para necesitar inventarme algún tipo de aliciente sintético que me ayude a dar el paso. Tal vez con un poco de suerte consiga meterle un buen susto y hacerle poner pies en polvorosa. Tal vez. Tal vez consiga aparecer en la página de sucesos del periódico matutino y convertirme en candidato al corazón púrpura póstumo. Pero en este país no se entrega el corazón púrpura, eso es de las pelis americanas. Aquí tienen otro nombre esa clase de condecoraciones. No soy capaz de recordar cuál es. Pero es irrelevante. Lo es. Tal vez sea un héroe. Vivo o muerto. Pero hay cosas por las que merece morir. A veces es necesario hacerlo, aunque sólo sea para poder mirarte en el espejo cada mañana. Aunque sólo sea por eso.

-Será mejor que te largues si no quieres ser el postre después de terminar con ella. No te hagas ilusiones, 18 meses en la trena me han quitado todos los escrúpulos. Hijo de puta.

A veces hay cosas por las que merece la pena inmolarse. Es algo que nos hace más humanos, sino, no seríamos más que animales. Tal vez sea eso. Ser consciente de la propia muerte y escupirle a la cara. Tal vez.

Sí. Tal vez haya algo por lo que merezca morir.

-Vale tío, es toda tuya.

Tal vez lo haya.

Me alejo en dirección contraria,

Tal vez haya algo por lo que merezca morir, pero, ciertamente, no es esto.

Stand by (y 3)

septiembre 5, 2008

Robando wifi desde el K2 con mi flamante nuevo portátil yo proclamo:

¡Exámenes de septiembre! ¡Yo os maldigo!

(N. del T.) Por cierto, ahora vivo en el Casco. El camino del vicio no solamente se desliza, sino que se precipita hacia abajo. Y eso lo dijo Séneca, algo sabría, digo yo…