Archive for 29 febrero 2008

Collage

febrero 29, 2008

metro.jpg

metro – iraide

Me da igual ¿verdad? Quiero decir, te, nos, me da dais dan igual. Quiero decir, no. Sí. No lo sé. ¿Importa acaso? Intento no pensar en ello. Esto sigue y no para. Por las ventanas se ve poca cosa, sigo mirando. Azazkalak jan nitueneko bost hondar aleak, beti gogoan izango dudala sumatzen dut. Eta ezin baitut, eta ezinez ezin egin desegin. Eta zuek, guztiok hondar aleak azken finean. Eta beste behin zakartasuna lepoko azaletik behera. Eta ezin dut. No puedo no querer. Zure bila. Beste edonorren ileen usainaren zuloen begizuloen malkoen ametsen espazioen tarteen gezurretan. Nolanahi ere, galdua. Pero lo intento, créeme, me miento. Me miento por los dos, porqué no puedo saber ya si tú sigues mintiéndote. O peor aún, si ya no necesitas mentirte más. O aún peor, si nunca necesitaste ninguna de mis mentiras.

Porque sigo escribiendo, como esa vez. Sigo, y tengo que soportar toda esa mierda. Tengo que aguantar toda esa maldita mierda. Ya sabes. Tal vez no. Porque sigo temblando. Porque sigo mostrando mi cuerpo desnudo a la primera persona dispuesta a halagarlo, a mimarlo, a desvivirse por él. Pero sigo. Sigo. Sigo sin mostrar más que una piel ya ajada, ya usada, con olor a rancio. Porque aún hoy, sólo me desnudo cuando llega la noche y no hay nadie cerca, mirando, buscando. Porqué sólo me puedo mostrar a los sirgadores de Repin. Y sigo. Porque hay que seguir. ¿No? Cada día hay que seguir. Aunque sepamos que no hay nada, hay que seguir. Aunque no entendamos nada, hay que seguir. Aunque todo crezca a nuestro alrededor, mientras nosotros seguimos empequeñeciendo, hay que seguir.

Eta irrifarre maltzur batez erantzun lurretik sakabanatutako begi-urdail iritzidun bidezidorrei. Eta ez ditut zuen hitzak behar. Eta ez dut zure ikuspuntua jakin nahi. Bost axola. Bost axola zure altxorra. Edertasuna aurkitu dut. Ez da iheskorra. Ez. Ez dago izkutuan. Ez. Zentzu gehiegi erabiltzen dituzue, beti bezela, gehiegi. Argiaz itsuturik, gehiegi, beti bezela, gehiegi. Begiratuz soilik entzun daitekeena ikutu nahi dezute. Gehiegi. Eskuez dastatu daitekeena etzazue usaindu. Beraz, etzazu inoiz barkamena eskatu, niri ez. Guztiok izan ginen errudun.

Hemos vivido demasiado tiempo mirando fotos e intentando recrear momentos que sólo existieron en ese determinado instante. « Et je suis allé au marché à la ferraille et j´ai acheté de chaînes, de lourdes chaînes por toi, et je suis allé au marché aux esclaves et je t´ai cherchée, mais je ne t´ai pas trouvée ». Porque hay que seguir.

Joder.


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Historias de un jueves sin estrellas

febrero 22, 2008

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p3130055 – miriam

Ya estaba cansada. Agotada. Vestida con mi bata rosa, unas bragas blancas y zapatillas de casa. Fumando un cigarro. Fumando… Fumando el noveno cigarro de la noche. Glong-glong. El péndulo sigue oscilando. Ya son más de las 3 de la mañana. ¿Existen reuniones que puedan durar tanto? Décimo cigarro. Vuelvo a dar de comer a los peces, saturo el agua. Voy a la cocina. Voy a hacerme un sándwich mixto. Sí. Eso es. Con lechuga y tomate. Pan. Una loncha de jamón, queso, otra loncha de jamón. Escojo una hoja de lechuga y la paso por el agua del grifo. La seco agitándola sobre la fregadera. Corto dos rodajas de dos tomates distintos con el cuchillo más grande que he podido encontrar en la cocina. Antes de devolverlo a su sitio me fijo en el nombre de la empresa que los fabrica y recuerdo aquella noche de sofá y manta en la que llamamos los dos juntos a la tele-tienda. Antes hacíamos cosas. Ahora no. Simulo un amago de suicidio, pero el filo sobre el antebrazo se ve de lo más ridículo. Luego me imagino clavándoselo a él. Es raro. Me coloco frente al espejo del salón, de perfil. Gesticulo, actúo y agito el brazo en ademán de apuñalar a alguien. Ensayo movimientos. Describo semicírculos mortales. Chop-chop. En fin…

Vuelvo a mi sillón.

Cuando despierto puedo sentir su brazo rodeando mi cuerpo. Debe haberme llevado en brazos hasta la cama. Noto su aliento en mi nuca, ha bebido alcohol. Le pregunto sin darme la vuelta:

-¿Dónde has estado?

-En la oficina.

-¿Por qué has tardado tanto?

-Ya te dije que hoy teníamos una de esas reuniones que se alargan tanto.

-Claro…

-Duerme cariño.

………

-Un paquete de Lucky, 3 latas de Red Bull y una botella de ballantine´s.

-19.80

-Quédate con el cambio.

Un coche no es el lugar más agradable para pasar la noche. La entrada de la oficina sigue iluminada. Hoy es otra noche de reunión. Abro una de las latas, le doy un buen trago y relleno el nuevo volumen vacío con un chorro de güisqui. No es tan aburrido como lo había imaginado. Oh. Ahí sale. Son las 23:37, no es demasiado tarde. Sube a su coche, arrancamos el motor al unísono.

………….

 

A oscuras, por el parque, no es fácil seguir su pista sin llamar la atención. Pronto pierdo su rastro. Aparto ramas y arbustos, intentando adivinar su ruta al principio, de forma totalmente aleatoria al rato. Oigo algo y me acerco reptando por el suelo hasta que mi ángulo de visión alcanza a ver su espalda. Está de rodillas, sentado sobre el cuerpo de una joven mujer que tiene la boca tapada por la mano enguantada de este. Blande un cuchillo con el que realiza gestos amenazadores. Acaricia el cuello de la mujer con él. Despacio. Muy despacio. Corta y arranca de uno en uno los pequeños botones blancos de su camisa del mismo color. Ella intenta zafarse pero es incapaz. El sudor recorre su cuello, está llorando. ¡Humpf humpf! No puedo entender lo que intenta decir. Huele su cuello y baja lentamente hasta su pecho. Nunca había hecho eso conmigo. Separa la recién cortada prenda de vestir con el mango de su arma y deja al descubierto el sujetador verde de encaje. Ella le araña la cara y como premio recibe un puñetazo. Corta cuidadosamente, con un mimo y esmero que hace años que no demuestra conmigo, el ajustado sujetador, mostrando los incipientes senos de la jovencita, blancos, perfectos. Los huele. Los saborea con la lengua. Joder. Noto un repentino calor y una leve humedad entre mis piernas. Sus labios rozan levemente, casi con miedo, la circunferencia exterior que dibuja su pecho izquierdo. Su nariz traza un surco imaginario hasta su ombligo donde se detiene para saborear la silueta del pantalón, para acariciar con la mejilla derecha toda la frontera que delimita la promesa con realidad de un jueves sin estrellas. ¡Quién tuviera ese cuerpo ahora! Desabrocha el primer botón. Me desabrocho el primer botón. Ya puedo ver sus bragas a juego, verdes también, obviamente. Desliza su gran mano sobre la prenda y tira de ella un poquito hacia abajo. Lo justo, lo suficiente para poder ver las primeras briznas de vello púbico. Para cuando me doy cuenta tengo la mano dentro de mis bragas. Ella está roja, delira por el horror.

-¿Polla o cuchillo?

-¡Humpf!

-¡Polla o cuchillo!

Escoge cuchillo maldita zorra.

-Polla o cuchillo preciosa…

Tiene ambas agarradas con cada una de sus manos después de dejar de amordazar a la mujercita que es incapaz de responder.

-Será mejor que elijas alguna de las dos antes de que lo haga yo.

Salto de mi escondite y le arrebato el cuchillo mientras me observa con perplejidad. Se lo clavo, muchas veces, dos, tres, no sé. Asesto puñaladas. Demasiadas tal vez. Le rajo la cara. La desfiguro. Zorra. Puta. ¿Quién coño te crees? Sus ojos no parpadean, tiene la boca abierta. Le corto el cuello. Caigo sobre los brazos de mi marido. Grito.

-Ella ha elegido el cuchillo. ¡Para mí la polla!

 

Stand By

febrero 3, 2008

Los exámenes son a la literatura,

lo que los camiones de bomberos a las gacelas.

Disculpen las molestias.