Décima Parte

En realidad nunca llegué a planearlo, simplemente ocurrió ¿sabe? Al principio de forma casi inocente, muy suave, muy tranquila, pero con el tiempo, con el tiempo se hizo completo, total, absoluto. Si era tan fácil con los demás por qué iba a ser diferente conmigo. Quiero decir, quién puede conocerme mejor que yo, entender mis mecanismos, mis rutas, los atajos de mi alma. Cada conexión, cada circuito, cada panel de control. ¿Verdad? Lo mejor es que ni llegué a darme cuenta. Hasta que cayó el telón la obra fue, sencillamente, perfecta. Fui todo, uno y trino, como Dios, director, actores y apuntador.  Quiero decir, es mejor esto que no lo otro, para eso lo hice, supongo, espere, incluso puede que, espere, espere, puede que esto siga siendo parte de la obra, puede que sea el siguiente acto, quiero decir, claro, qué genialidad, la víctima, el inocente, el objetivo puede ser desorientado para que, al retirarle el suelo que esté pisando, acepte agarrarse a lo primero que quede a su alcance y le salve de la caída, es una de las reglas, una de las lecciones, las reglas las inventé yo ¿sabe? Me las dicté, las escribí en alguna parte, tal vez no, no lo recuerdo, pero esta vez me he superado, una obra maestra, no puede haber, no puede existir ¡no puede! una mentira más perfecta, más hermética que la que usa el propio mentiroso para engañarse a sí mismo, no hay escapatoria, no hay ayuda posible ¿no lo entiende? el ardid debe adaptarse al entorno, a la víctima y para eso hay que comprender una verdad fundamental, qué paradoja, y es que las personas, todos nosotros, interpretamos un papel  concreto en función de lo que nos rodea, de los que nos rodean, de sus ojos, de su forma de vernos y mirarnos, de su forma de hablarnos y tratarnos, y nos gusta modificarnos para encajar en su definición de nosotros mismos y por eso actuamos y a veces tenemos que aprendernos más de un papel porque no siempre son las mismas variables las que nos acosan y al final saltamos de uno a otro, corriendo entre bastidores, cambiándonos  de maquillaje y de vestuario y de cara y de piel y de tripas y puede llegar un punto en el que ya no sabemos si en ese momento somos nosotros o uno de nuestros roles o, incluso, si aún recordamos nuestro papel original o, incluso, si alguna vez hubo alguno y entender todo esto y aceptarlo es necesario para moldear nuestra artimaña y así tenga una progresión y se adapte como un virus, como una enfermedad ¿sabe? hay mentiras que son mejor que la verdad, hay que dejar los escrúpulos a un lado, se puede nublar la verdad, marearla, anestesiarla y cuando ya no la sienta extirparla, dejando un hueco, un hueco que la mentira corre a tapar, como una plaqueta y la mentira ya nunca más es mentira, es verdad y por lo tanto lo que era cierto se convierte en falso, y como algo falso se olvida y ya sólo queda la mentira, digo la verdad, ya me entiende ¿verdad, agente?

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2 comentarios para “Décima Parte”

  1. einestimme Dice:

    Consigues que se me revuelva todo. Buenísima.

  2. perogrullo Dice:

    Gracias rubia.

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