
dove sei? – monty
¿Conocíais a ese chico que se creía mejor que los demás? Ese que hizo la maleta, cogió y se fue. Él no hablaba con los demás y solía encerrarse en su cuarto. Y entonces conoció a un chico y le dijo que no le gustaba la gente. Y entonces el asintió y le dijo que sí. Y desde entonces anduvieron juntos y gastaban bromas a los demás. Y se reían de las reglas y las normas y nunca hacían caso. Y cuando les preguntaban que querían ser dentro de 10 años ellos siempre respondían que estarían muertos. Y si iban a estar muertos, para qué perder el tiempo con la gente. Eso decían, sí.
Para ambos las noches eran demasiado cortas y los días demasiado largos. Y jugaban a no esconderse y a que siempre los encontraran para meterse en peleas. Y les gustaban sus gritos pero no los de los demás. Y pelillos a la mar. Y les gustaban las lavadoras pero no las tostadoras. Porque las tostadoras tienen siempre dos agujeros desde hace ya mucho tiempo y eso no es agradable. No encontraron nunca joyas debajo de los sofás.
Y la ciudad siempre estaba quemada como los cigarros mal apagados. ¿Cuántas quieres esta vez? Y aprendieron a hacer el baile del ocho de las abejas y nunca vieron ningún telediario ni leyeron ningún periódico. Y contaban historias y se las contaban a ellos pero aunque ellos no se las creyeran les gustaban. Las suyas tampoco eran ciertas la mayoría de las veces. Y aprendieron a volar y a volver a casa con los ojos cerrados haciendo eses. Y les hacían test a los desconocidos y si no los superaban les escupían porqué no se merecían nada mejor. Y aprendieron a beber sin pagar y a pronunciar la ñ aspirada con h intercalada.
Pero un día vino su amigo y le dijo que se tenía que ir y que él también tenía que hacer la maleta y escaparse otro sitio lejos muy lejos porque no le quedaba más remedio. Y se quedó solo y se puso triste porque ya nadie sabía hacer el baile del ocho de las abejas ni jugar a no esconderse. Y subieron las mareas con poleas y ascensores. Hacía tiempo que ya no eran niños.
El chico se compró un chaleco antibalas y le hizo agujeros de queso gruyère con un picahielos y se interpuso en el camino de todas las balas de todos los tiroteos de todas las calles de la ciudad. Y miró su reloj de sangre y vio que aún no era su hora y que aún quedaban puertas que romper y cerraduras que reventar. Pero estaba cansado y ya no era divertido hacer todas esas cosas y palpó su corazón y vio que era de plástico. De explosivo plástico.
Pero el día en el que olvidó ponerse su camisa de los domingos se tropezó con una chica bonita que le invitó a una copa demasiado cargada y le confundió con otro chico pero eso les dio igual y ella lo cogió del brazo y él se la llevó a casa y le comió el coño y luego se quedó dormido entre sus ingles. Ella le dijo más tarde que estaba rota y que no sabía dónde estaban sus piezas de recambio y él le contestó que le daba igual y que él tenía unos pulmones que eran granadas de fragmentación que al explotar amputaban miembros y seccionaban cuellos. Y se sonrieron al darse cuenta de que habían encontrado su tapón de la bañera y un nombre para el perro del jardín que siempre ladraba.
Y el día de San Patricio construyeron un museo sin obras de arte ni artistas sinvergüenzas y pusieron espejos en los techos y frigoríficos a vapor y marcaron a fuego sobre la entrada del edificio: Más rápidos que la muerte.
Marzo 16, 2009 a las 7:11 am |
Fotografía enviada por Monty.
blog: http://laparadojadebelady.wordpress.com/
“Sólo esa vez, excentrado como un matador mítico para quien matar es
devolver el toro al mar y el mar al cielo, vejó a la Maga en una larga noche de la que poco hablaron luego, la hizo Pasifae, la dobló y la usó como a un adolescente, la conoció y le exigió las servidumbres de la más triste puta, la magnificó a constelación, la tuvo entre los brazos oliendo a sangre, le hizo beber el semen que corre por la boca como el desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer, la exasperó con piel y pelo y baba y quejas, la vació hasta lo último de su fuerza magnífica, la tiró contra una almohada y una sábana y la sintió llorar de felicidad contra su cara que un nuevo cigarrillo devolvía a la noche del cuarto y del hotel.”
Rayuela – Julio Cortázar
Marzo 19, 2009 a las 4:44 pm |
La intolerancia como forma de vida. Tak.
Marzo 23, 2009 a las 10:16 pm |
raskolnikov!
Marzo 24, 2009 a las 7:30 am |
¿Pero todavía sigues de viaje?
Abril 2, 2009 a las 8:45 pm |
que gilipollez mas grande. cosas sin sentido tio
Abril 2, 2009 a las 10:45 pm |
“Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen.”
Alfonso X el Sabio