untitled – alejandra
A veces tienes dÃas perfectos. Lo malo, sÃ, siempre suele haber algo malo. Como decÃa, lo malo es que tendemos a relacionar los momentos antes mencionados con ciertos acontecimientos o fenómenos que se producen inevitablemente en esos instantes. Haz memoria. Las nubes ocultaban parcialmente un Sol no demasiado brillante. Subiste al tren de las 17:23. Pi pi pi pi pi. Con dos franjas rojas. Echaste un vistazo, no te gustaba encontrarte con gente conocida. La gente que conoces te habla y te invita a sentarte a su lado. Te obligan a mantener conversaciones estúpidas que incomodan a ambos interlocutores. 19 minutos, 7 paradas.
Se abrieron las puertas y saliste de un salto. Cuando comenzasteis a acercaros empezó a llover. Os empapasteis mientras os mirabais. Puede que la felicidad sea eso. Que el mojarte te importe una soberana mierda. No lo sé.
Ahora apoyas la frente en el cristal de la ventana y observas como llueve mientras sientes nauseas. Cierras el libro porque no puedes concentrarte en la lectura y los ojos se posan en un punto indeterminado, a lo lejos. Te gustarÃa alzar el puño y maldecir al cielo. Pero lo piensas más detenidamente y te das cuenta de que te sentirÃas ridÃculo.
Ahora tomas el tren de las 17:23. Como siempre, supones. Ha cambiado el color de sus dos franjas rojas. Botón verde. Pi pi pi pi pi. Se cierran las puertas y vuelves a sentarme en el asiento individual y plegable al lado de la entrada. Echas un vistazo, no te gusta encontrarme con gente conocida. Ya sabes…toda esa mierda de las conversaciones. El recorrido es el mismo. 19 minutos. 7 paradas.
Ahora esperará otros trenes, tal vez otros autobuses. SerÃa horrible que esperase metros. Ya lo creo. Y supongo que es inevitable imaginarse la cara que pondrá cuando se abran las puertas. Sus gestos. La forma en la que cruza las piernas cuando está sentada y distraÃda. La manera en la que busca con la mirada entre todos los pasajeros.
Nadie te espera en tu parada. Lo sabes. Y claro, ya nada es lo mismo. El objetivo de este viaje nunca ha sido trasladarse de un punto a otro. No. La cuestión es, y ha sido siempre el ser esperado. ¿Por qué coges el maldito tren de las 17:23? Tal vez no sea más que un intento por recordar y sentir algún tipo de punzada en el estomago. Alguna emoción, no lo sabes. Ya no es divertido, nunca lo fue. Incluso las náuseas son mejores que la apática tranquilidad de saber que no hay nada más. Este viaje tampoco logrará hacerte llorar o reÃr.
Te bajas en la penúltima parada. Aquà tampoco te esperan pero al menos nadie lo hizo antes.