Mi madre no era muy alta, no demasiado. Tenía los ojos de un azul-negro muy curioso. El cabello rubio. Solía darme un beso en la mejilla derecha (siempre la derecha) antes de salir para ir a la escuela. Un miércoles de verano me abofeteó hasta partirme un labio después de haber pintado el retrato de la abuela con mis plastidecor, nunca llegué a comprenderlo, siempre decía que había sido una vieja zorra.
Las bragas de mi madre olían a melocotón, y así lo corroboraron todos mis amigos después de pagar 25 pesetas cada uno. No cocinaba demasiado bien, pero ella se esforzaba. Era muy deportista, le encantaba nadar en la piscina del pueblo. Muchos señores mayores se acercaban a admirar sus curvas, algo deterioradas con la edad. Mi madre era muy bonita, tuve unas cuantas peleas con otros niños que lo negaban. ¿Qué sabrían ellos?
Aquel día mi madre me golpeó en la cabeza con una botella vacía de licor. “Ojalá nunca hubieras nacido”. No sé muy bien que quiso decir con eso. Me puse una toalla en la cabeza y guardé la botella con todas las demás que tenía debajo de su cama. Siempre me decía que las guardaba para el ratoncito Pérez de la gente mayor. Cogí mi cámara de vídeo y la seguí hasta la piscina.
REC.
Se quitó la ropa, pero no llevaba ningún bañador por debajo. Al tomar carrerilla para saltar se resbaló y golpeó la esquina de la piscina con el cuello. Se le partió. Me quedé un largo rato observando. La mitad de su cuerpo estaba en el agua. Era bonito. Después me entró sueño y me fui a casa, a dormir. Al despertar unos señores vestidos de negro me dijeron que mi madre se había ido a un lugar mejor. “Me alegro por ella” dije sonriendo. Todos se llevaron las manos a la cabeza. Pensé que yo también debía hacerlo, pero se enfadaron. Era gente extraña.
Han pasado unos años y mis nuevos padres no suelen estar demasiado tiempo en casa. En esos momentos de intimidad me apetece poner el video de mi madre en la piscina. A cámara lenta. Cuando empieza a resbalarse me gusta tocarme ahí abajo, me hace sonreír. Ahora ya no hay pesetas y mis amigos pagan un euro por hacer lo mismo. Sé que mi madre estará orgullosa de mí, en ese lugar mejor.

